Arbitraje comercial: la importancia de los árbitros y el trámite establecido por las partes
Sergio Duarte Mantilla
Febrero 27 de 2024
En el mundo de los negocios, donde cada día de disputas jurídicas puede traducirse en pérdidas, el arbitraje surge como la respuesta más inteligente
Arbitraje comercial: la importancia de los árbitros y el trámite establecido por las partes
En el mundo de los negocios, donde cada día de disputas jurídicas puede traducirse en pérdidas, el arbitraje surge como la respuesta más inteligente (y económica) para resolver conflictos de manera rápida y eficiente. Sin embargo, su efectividad depende de un elemento que a menudo se pasa por alto: el compromiso de los árbitros seleccionados y las reglas del trámite.
La variable del compromiso
Cuando las partes en conflicto deciden recurrir al arbitraje, están haciendo una inversión. No solo pagan honorarios a los árbitros, sino que depositan su confianza en un sistema que promete celeridad y calidad. Esta remuneración directa crea una relación única: los árbitros deben priorizar el caso en cuestión, dedicándole el tiempo y la atención que merece una resolución de calidad.
A diferencia de la justicia ordinaria, donde los jueces manejan cargas masivas de casos y tiempos usualmente más largos de lo esperado, el árbitro remunerado tiene la obligación moral y jurídica de convertir ese litigio en su prioridad. Esta diferencia fundamental es lo que justifica la inversión en arbitraje y lo que debería garantizar una evaluación meticulosa y expedita.
Flexibilidad del trámite
Una de las ventajas más subestimadas del arbitraje es la posibilidad de que las propias partes establezcan las reglas del litigio. Esta flexibilidad permite crear procedimientos más eficientes que los reglamentos de los centros de arbitraje y la ley procesal común; no obstante, hay un problema: el desconocimiento de cómo estructurar unas reglas claras y su negociación. Pero vale la pena considerarlo. Las partes pueden acordar plazos más cortos, limitar el número de etapas y establecer hitos calendarios que se ajusten a la urgencia comercial de su disputa.
El objetivo debería ser claro: resolver el arbitraje en menos de seis meses desde la radicación de la solicitud. Esta meta no solo es ambiciosa sino necesaria, especialmente en el derecho comercial, donde la prolongación de la incertidumbre jurídica puede ser más costosa que la propia disputa.
Obstáculos a superar
Paradójicamente, uno de los principales enemigos de la eficiencia arbitral es el propio proceso de selección de árbitros. Cuando las partes no logran ponerse de acuerdo sobre quién los juzgará, el sistema incluso se ve obligado a recurrir a la justicia ordinaria para que un juez realice la designación. Esta intervención judicial, diseñada como salvaguarda, se convierte en una trampa temporal que puede extender el proceso durante meses.
Estos retrasos son especialmente gravosos en el ámbito comercial, donde la velocidad de resolución puede determinar la supervivencia de una empresa o el éxito de una operación. Cada día adicional representa costos directos en honorarios legales, costos indirectos en recursos gerenciales desviados, y el costo de oportunidad de capitales inmovilizados.
En conclusión
El arbitraje no es solo un mecanismo de resolución de disputas; es una promesa de eficiencia que requiere el compromiso activo de todos sus actores — y que además no necesita ninguna reforma legal. Los árbitros debemos honrar la remuneración que recibimos con dedicación prioritaria y calendarios realistas. Las partes deben perfeccionar sus mecanismos de selección para evitar los cuellos de botella procesales a la vez que diseñan reglas procedimentales que prioricen la velocidad sin sacrificar la calidad de la decisión.
En un mundo donde la justicia ordinaria toma su tiempo, el arbitraje representa la mejor oportunidad de crear un sistema judicial que responda a la velocidad de los negocios. Pero para que esta promesa se cumpla, todos debemos asumir nuestra responsabilidad en hacer del arbitraje lo que prometemos que es: rápido, eficiente y definitivo.
Sergio Duarte Mantilla
Socio Director | Managing Partner
Acelera | Empresas & Familia